Nuestra historia

Dos caminos. Una misma llamada.

Corazón Nazareno no empezó con un nombre, un logo ni un plan para sacar música.

Empezó mucho antes.

Con una niña que cantaba desde los ocho años.

Con una guitarra que alguien tuvo que atreverse a tocar.

Con canciones escritas en momentos difíciles que terminaron guardadas durante casi nueve años.

Y con dos caminos que, sin saberlo, Dios estaba preparando para encontrarse.

Yenifer

Mi voz siempre estuvo ahí

Canto desde que tenía ocho años.

La música llegó a mi vida muy temprano, también por mi papá, que cantaba. Desde niña tuve la oportunidad de estar en distintos escenarios: canté música secular, fui mariachi siendo muy pequeña y participé en La Voz Kids.

La música siempre estuvo conmigo.

Pero con los años fui entendiendo algo diferente:

Mi voz tenía un lugar especial reservado para Dios.

A los dieciséis años empecé a cantar música católica y desde entonces he podido servir en Eucaristías, retiros, grupos de oración, matrimonios y distintos espacios de Iglesia.

Y ahí descubrí que cantar podía ser mucho más que cantar bien.

Para mí, la música se convirtió en un lugar de encuentro íntimo con Dios.

Cada vez que canto para Él siento que estoy devolviendo, de alguna manera, un regalo que primero recibí.

Mi voz es un don.

Y mi mayor deseo es que ese don pueda llevar a alguien más a encontrarse con quien me lo regaló.

Yenifer, Corazón Nazareno

LuisFe

Yo nunca pensé que terminaría haciendo música

Mi historia fue bastante diferente.

De niño cantaba por recocha.

Nada serio.

Aprendí algunos acordes básicos de guitarra en el colegio, pero jamás pensé realmente en mí como alguien que pudiera hacer música.

Hasta que un día, durante unas misiones, había una guitarra...

y nadie que la tocara.

Tampoco había quién cantara.

Así que me animé.

No sabía demasiado, pero había que hacerlo.

Y esa pequeña decisión terminó abriendo una puerta que yo todavía no entendía.

Poco a poco aprendí algo más de guitarra. Empecé a tocar con más confianza y, sin darme cuenta, la música comenzó a acompañarme en momentos muy personales.

Cuando estaba triste.

Cuando tenía muchas cosas dentro.

Cuando necesitaba poner en algún lugar lo que sentía y no sabía muy bien cómo decirlo.

Entonces empezaron a aparecer canciones.

No me sentaba pensando: voy a componer una canción.

Simplemente salían.

Algunas de las que hoy queremos grabar tienen casi nueve años. Varias nacieron incluso antes de la pandemia.

Y se quedaron ahí.

Guardadas.

Una canción a San José llegó a escucharse algunas veces en mi comunidad. Otras aparecieron después y algunas las cantaba en un espacio que llamábamos Santo Sagrario, donde junto a un amigo adorábamos a Jesús los domingos por la noche.

Yo seguía componiendo.

Pero nunca terminaba de dar el paso de mostrar realmente esas canciones.

Hasta que Dios puso a alguien más en el camino.

LuisFe, Corazón Nazareno

Nosotros

Nos conocimos antes de saber lo que íbamos a construir juntos

Nos conocimos en 2023.

Los dos hacíamos parte de un grupo de jóvenes que se reunía en un monasterio de las Hermanas de la Visitación.

Primero fueron encuentros de fe.

Después empezamos a coincidir alrededor de la música.

Luego llegó la amistad.

Y bastante rápido, el noviazgo.

Sobre el papel parecía que musicalmente todo encajaba perfecto.

Yenifer llevaba años cantando, tenía experiencia en Eucaristías y matrimonios y una voz que había cultivado desde niña.

LuisFe amaba componer, tenía sus canciones guardadas y una guitarra que lo había acompañado durante años.

Parecía el equipo ideal.

Y sí.

Pero Dios todavía tenía trabajo por hacer.

Yenifer y LuisFe, Corazón Nazareno

Aprender a cantar juntos fue también aprender a mirarnos distinto

No fue automático.

Para LuisFe, cantar al lado de Yenifer empezó a tocar una inseguridad profunda.

Su experiencia.

Su voz.

Su facilidad para cantar.

Y al otro lado, una voz sin formación, con mucha menos experiencia y una sensación constante de estar por debajo.

Y ahí apareció algo que no siempre es fácil reconocer:

el orgullo también puede esconderse detrás de sentirse inferior.

Dios empezó a trabajar justamente en ese lugar.

No fue de un día para otro.

Hubo que aprender, practicar, conversar e incluso trabajar cosas mucho más profundas que simplemente afinar una canción.

Hasta que algo empezó a cambiar.

La admiración dejó de sentirse como comparación.

Los dones del otro dejaron de parecer una amenaza.

Y empezamos a descubrir una verdad que hoy es muy importante para nosotros:

Juntos no teníamos que competir. Podíamos servir mejor.

Poco a poco comenzamos a acoplarnos.

Más Eucaristías.

Más adoraciones.

Más espacios de oración.

Más canciones juntos.

Y entonces llegó algo que llevaba mucho tiempo esperando.

Empezamos a cantar nuestras propias canciones.

Las canciones empezaron a pedirnos una respuesta

Primero fueron aquellas que llevaban años guardadas.

Después empezaron a nacer canciones nuevas entre los dos.

Y ocurrió algo sencillo, pero que empezó a repetirse.

Terminábamos de cantar y alguien preguntaba:

‘¿Cómo se llama esa canción?’

Luego venía otra:

‘¿Dónde la puedo escuchar?’

Y nuestra respuesta era casi siempre la misma.

En ninguna parte.

La canción existía.

La habíamos cantado.

Había tocado algo en alguien.

Pero seguía guardada.

Los dos habíamos soñado alguna vez con grabar nuestras canciones y compartirlas.

Solo que nunca terminábamos de hacerlo.

Hasta que entendimos que quizá había llegado el momento de dejar de aplazarlo.

Nos sentamos.

Nos organizamos.

Empezamos a recoger aquellas canciones que llevaban tantos años esperando.

Y tomamos una decisión:

Si esto era para Dios, queríamos hacerlo bien.

Así nació Corazón Nazareno

No nació porque pensemos que somos los mejores músicos.

No nació porque creamos que nuestras canciones tienen que ser famosas.

Y tampoco nació simplemente porque queríamos tener un proyecto musical.

Nació porque hemos visto que la música tiene una capacidad muy especial para entrar donde a veces las palabras no alcanzan.

Y muchas veces no necesita demasiado.

Una guitarra.

Una voz.

Una frase.

Una melodía sencilla.

Pero puesta en las manos de Dios puede llegar exactamente al corazón que la necesitaba.

Eso es lo que queremos ofrecer.

Lo que tenemos.

Nuestros dones y también nuestras limitaciones.

Las canciones que nacieron en momentos personales.

Las que estuvieron guardadas durante años.

Las que estamos escribiendo juntos ahora.

Y las que quizá todavía no existen.

No sabemos hasta dónde llegará Corazón Nazareno.

Pero tampoco creemos que esa sea la pregunta más importante.

La pregunta es:

¿Puede Dios utilizar esto para acercar un corazón a Él?

Si la respuesta es sí, queremos estar disponibles.

Nuestra misión

Es de Él, por Él y para Él.

Corazón Nazareno existe para cantar y predicar el amor de Dios para que otros vuelvan a latir con Cristo.

Queremos que una canción pueda acompañar una oración.

Que otra pueda sostener a alguien en un momento difícil.

Que alguna ayude a dar gracias.

A volver a confiar.

A recordar que Dios sigue cerca.

Y también queremos que estas canciones sigan haciendo eso en nosotros.

Porque antes de ser contenido, lanzamientos o publicaciones, cada canción ha sido primero algo mucho más sencillo:

un encuentro personal con Él.

Esta historia apenas comienza

Algunas de estas canciones esperaron casi nueve años.

Otras están naciendo mientras escribimos esta historia.

Y seguramente hay muchas que todavía no conocemos.

Queremos caminar con los pies en la tierra, trabajar seriamente, seguir aprendiendo y mantener una cosa por encima de todas las demás:

Cristo en el centro.

Si alguna de estas canciones puede ayudarte también a volver a Él, entonces habrá valido la pena.

Conoce nuestra música